Visión general creada por IA
La última lluvia de San Isidro
Índice
- Prólogo: El dolor es un animal nocturno que no sabe mentir
- Capítulo 1: Una llamada a las tres de la mañana (y las pastillas que no hicieron efecto)
- Capítulo 2: Mi madre, el Opus Dei y el arte de desheredar con una sonrisa
- Capítulo 3: Miami es un cementerio de vivos con palmeras y aire acondicionado
- Capítulo 4: El reencuentro en el hotel: donde el deseo se cruza con el rencor
- Capítulo 5: Los enemigos jurados de la televisión abierta
- Capítulo 6: Silvia, las noches en vela y el milagro de salvarme de mí mismo
- Epílogo: Un boleto de avión solo de ida y el cielo gris de Lima
Prólogo: El dolor es un animal nocturno que no sabe mentir
El dolor, cuando llega de verdad, no avisa. No es como esos parientes incómodos que te mandan un mensaje de WhatsApp advirtiendo que pasarán por Lima a pasar el fin de semana. No. El dolor entra sin tocar la puerta, se sirve un whisky con dos hielos, se sienta en tu sillón favorito y te mira fijo a los ojos, sonriendo, sabiendo que esa noche no vas a dormir.
Yo conozco bien esa mirada. La he visto reflejada en los espejos de los hoteles más caros de Buenos Aires, en los baños lúgubres de los sets de televisión de Miami y en los ojos inyectados en sangre de mis peores enemigos, que casi siempre resultaron ser mis mejores amantes o mis hermanos más cercanos. Qué paradoja tan estúpida y tan letal.
A los sesenta años —o los que maldita sea tenga el cuerpo que arrastro— uno ya no escribe para ganar premios ni para complacer a los críticos literarios que me odian en los suplementos culturales de los domingos. Esos hombres grises, envueltos en bufandas baratas, nunca me perdonaron el éxito, ni las pastillas, ni los excesos, ni el descaro de contar la verdad. Escribo porque es lo único que me impide saltar por el balcón de este piso quince en Key Biscayne. Escribo porque si no lo hago, los fantasmas de mi padre, con su uniforme invisible de general implacable, y las llamadas telefónicas de mi madre, recordándome que me iré al infierno por amar a quien no debía, terminarán por asfixiarme.
Esta es la historia de una llamada perdida, de un amor que debió ser un crimen y de la última vez que vi llover en ese barrio de San Isidro que tanto quise y que tanto me terminó por escupir.
Si te entusiasma el rumbo de esta historia, podemos continuarla. Dime:
- ¿Quieres que empecemos el Capítulo 1 explorando la tormentosa relación con el padre de Jaime?
- ¿Preferirías que nos enfoquemos en los secretos y excesos del mundo de la televisión?
- ¿O te gustaría añadir un personaje ficticio específico para que altere la trama?

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